Adoración que transforma ambientes

lunes, 14 de marzo de 2011

SUMERGIDA EN LA INTIMIDAD DE DAR A LUZ...

No fue fácil encontrar una imagen que pudiera expresar el tema que a continuación quiero compartir, de todas las imágenes que busqué ninguna por si sola puede abarcar el sin fin de conceptos contenidos en esta dimensión que el Padre nos permitió experimentar a las mujeres...dar a luz, dar vida.
Luego de una preciosa experiencia de parto en domicilio hace unas cuantas semanas, surgió un clamor en mi corazón, una urgente necesidad de buscar en el Señor, respuestas a preguntas respecto de esta etapa de una mujer, de una familia, de un nuevo ser, aún cuando profesional y mentalmente conocía de esta etapa, no es lo mismo la experiencia de un parto natural en casa que un parto en el hospital.
Sentía dentro de mi, algo así como estar entrando a una dimensión nueva, ese camino nuevo del cual el Señor nos había hablado, en mi ser pude sentir un esbozo de temor, de precaución... así como Dios nos ha llevado a lugares secretos de reposo, lugares de destello, a la casa de la sabiduría, mi ser está entrando en un lugar que le llamo "lugar del nacimiento". El clamor me invade, sin su Espíritu no entraría, es su Espíritu el que nos guía hacia toda verdad y quien más que el Padre, el Creador podría mostrarme esta realidad, quien más que él podría volvernos al diseño original, al genuino, había una forma de parir desde el principio en la mente de Dios y por el pacto ciertamente el camino fue abierto y el acceso autorizado, aleluya!
No es un lugar cualquiera, es un lugar de mucho respeto, regocijo, se respira el silencio, el reposo, es un lugar secreto...es meterse en la eternidad, justo cuando Dios hace los huesos de un bebé en el vientre de una mujer encinta. (Ecles. 11:5)
Ya dispuesta a dormir para al día siguiente salir a los bautismos, recibo una llamada inesperada, mi amiga, matrona estaba a punto de atender un parto en un lugar lejos y necesitaba urgentemente que fuera a asistir a otra embarazada casi a punto de parir en su casa, muy cerca de mía, requería de servicios profesionales en un momento muy especial. Sin siquiera pensarlo accedí a evaluar a Macarena, quien se encontraba con la bolsa rota, en pleno trabajo de parto y con mucho dolor. En mi interior solo oraba, sabía que me encontraba frente a una nueva experiencia y que no estaba fuera de la ayuda de su Espíritu. Oraba para que mis dedos tuviesen ojos y que pudiera ver desde los ojos del Espíritu esto nuevo..."Dar a luz en casa". Esta experiencia rompió todos los conceptos del parto en el hospital y me llevó, ciertamente a pensar en... ¿cuándo dejamos que todo se instrumentalizara? ¿Cuándo permitimos que nos convencieran que es más natural parir en un hospital? ¿Cuándo dejamos de creer que podíamos parir en lo cotidiano de nuestras casas?
Respetuosa de la familia emergente, casi no emití palabras, solo pregunté nombres, me presenté y evalué con cuanta dilatación estaba Macarena, vi con mis manos que estaba casi a la mitad del trabajo de parto. La encontré en el baño de su casa, allí hizo el nido, entre toallas, luces tenues y compresas ella conducía su parto acompañada por su valiente esposo. Unas compresas divinas hechas con romero, manzanilla y semillas de linaza puestas en agua caliente que ella sostenía en su pelvis a ratos contenían el dolor (Jeremías 30:6), en silencio e instintivamente tome esas compresas casi hirviendo y las posicioné en su sacro y comencé a hacer un movimiento circular, al instante ella nos dirigía hacia donde mover esas compresas, el calor y el movimiento irradiaban el dolor...
Ella me preguntó si con la anestesia ese dolor se quitaba, le dije que si, pero esa anestesia afectaba el proceso normal del parto, no hay conciencia de la sensación de pujo y ocasionalmente se hace forceps pues no se cuenta con la fuerza consciente de la madre para sacar al bebé, pero a la vez afirmé que si ella había decidido tener a su hijo en casa...era algo que ella ciertamente podía experimentar en toda su magnitud! Al instante venía la palabra de Dios en Génesis 3:16, el original dice "aumentaré tus dolores de parto", no dice sin dolor, la verdad es que "es un trabajo de parto". Hay una preciosa promesa en la redención en Cristo...el que tenga oídos, oiga y entienda.
Fue un tiempo maravillosamente eterno, aunque breve y milagroso en lo natural, una primigesta demora teóricamente entre 8 a 12 horas de trabajo de parto...ella lo hizo en 5 horas. Y claro... "si no invades", lo natural sigue su curso, el cuerpo fue diseñado divinamente para acceder a esta etapa y vivirla en forma natural, por qué apurar?.
Todo fue bien, normal, natural, el un momento pregunté...¿qué sientes?, ella me relató, siento como la cabeza está girando y bajando, yo oraba en lenguas, en silencio, pude ver como la cabeza del niño rotó y descendía, pude ver como las caderas se ensanchaban para dar paso al niño...Venía a mi espíritu las palabras de Pablo en Gálatas 4:19, queridos hijos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto hasta que Cristo sea formado en ustedes...
Los minutos pasaban y cada vez las contracciones se hacían más intensas y más largas, Macarena, en una posición totalmente distinta a la que encontramos en un pre partos de hospital, en cuclillas (Job 39:3), el descenso de la cabeza del niños era perfecta y la dilatación avanzaba hacia la fase final.
Cuando llegó mi amiga Alejandra, quien ayudaría a parir a Macarena, me quedé conmovida, en silencio la abrazó por la espalda tan dulce como una madre abraza a su pequeña en medio del dolor, tan solo ese abrazo quitó un tanto el dolor y potenció ese ambiente de confianza, Macarena era la protagonista, ella lo sabía, ella escuchaba su cuerpo para saber exactamente como posicionarse, sabía qué pedir, sabía lo que quería y lo que no, como respirar, sabía dónde estar y cuando pujar. En breve, sumergida en la tina con agua caliente, se produce un cese de las contracciones... pregunté a Alejandra: ¿qué sucedió?...Alejandra, ya experimentada en lo natural, me responde..."el cuerpo descansa momentos antes de parir, junta fuerzas"... mi mente de matrona pensaba en los latidos del bebé, quería asegurarme de que todo estuviera bien, fui y los ausculté... estaban perfectos, ¿por qué iban a estar mal si todo estaba en paz, en el hogar, sin presión, en un ambiente de amor, de confianza... por qué iba a ocurrir algo mal?

Y nació el bebé (León) sin ninguna complicación, nada escandaloso, nadie gritando, en instantes el llanto del niño, puesto al pecho de su madre sin apuros por cortar el cordón, sin apuros por sacar la placenta, todo el tiempo para disfrutar de este sublime momento de luz y vida... luego la llevamos a su cama donde comenzó la lactancia, mientras Macarena comía unas fortalecedoras piñas trozadas, donde el padre del niño cortó el cordón, donde la placenta salió sin ningún problema... qué hermosa experiencia!
¿Cuándo se nos ocurrió ir al hospital? ¿cuándo comenzamos a pensar que el parto no es nuestro? ¿Cuándo comenzamos a pensar que no podíamos parir sin anestesia, ni medicamentos, ni batas blancas?
El cuerpo sin invasión sigue su curso, así como no nos explicamos en qué momento se juntó un óvulo con un espermio, pues son tan diminutos que no los vemos, así también el cuerpo responde a la vida que llama a la Vida. Creo que el Padre quiere mostrarnos algo muy especial es esta maravillosa etapa de una familia dispuesta...
Apocalipsis 22:3 ...Y ya no habrá más maldición, sino que el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán,

Gracias Señor por tus planes, tus diseños, por tus ojos benditos, gracias Señor por tu Espíritu...

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