
Daniel 7:27 habla de una tremenda promesa al pueblo de los santos del Altísimo, dice incluso que todos los dominios le servirán y obedecerán.
Te anticipo algo, antes que llegue el tiempo en que otros te obedezcan, tendrás que aprender a manifestar de tu propia vida… “obediencia”, pues nadie puede dar de lo que no tiene o si intentas dar algo en tus fuerzas se reproducirá como tal. Jesús mismo aprendió la obediencia (Hebreos 5:8) y la aprendió nada más y nada menos que por lo que padeció.
Sea sembrado en nuestros corazones el anhelar estas promesas, yo quiero que me obedezcan los montes, los vientos, las aguas, los espíritus…así como a Jesús, quien se hizo obediente hasta la muerte y por su obediencia él justificó a muchos. Quiero dar frutos de obediencia formados por su Espíritu en mi, obediencia eterna, de incalculable valor. Quien obedece es sabio, andará delante del Señor con un corazón recto y puro, agradará al Padre y su fidelidad será contada… "Por cuanto obedeciste a mi voz…esto te acontecerá”.
Se aprende a obedecer sus palabras, eso requiere de entrenamiento y como tal, el entrenamiento empieza con cosas simples, pero luego los niveles de exigencia van subiendo y profundizando en calidad…No es llegar y ordenarle a la creación y que ellos te obedezcan…verán primero en ti el fruto de obediencia y cuando ya estés listo…los montes se moverán. Alelusha.